Overland en el Cajón Las Leñas

¡Viajar, acampar y practicar senderismo en un rincón remoto de la cordillera central!
Esto es como viajar al Cajón del Maipo, pero tal y como era 100 años atrás: caminos de tierra en mal estado, un paisaje con muy pocas intervenciones humanas y naturaleza salvaje. El Cajón Las Leñas, ubicado de Rancagua a la cordillera, es una joya prístina muy poco frecuentada, probablemente debido a las dificultades de acceso: para llegar, es necesario contar con un vehículo 4×4 potente. Sí, potente. No basta el city car 4×2 al que se le pueda programar la opción de tracción a las cuatro ruedas. Ya volveremos sobre este punto.
- Viajar en modo Overland significa recorrer paisajes agrestes sobre un 4×4 y acampar junto al vehículo. Así, es una actividad inclusiva: personas discapacitadas, niños o tercera edad pueden llegar a lugares que ante sólo estaban reservados para deportistas. Foto: Andrés González.
- ¿Cuántos de esos cerros tendrán ascensos? En el Cajón Las Leñas se abren muchas oportunidades. Foto: Francisca Hernández.
- Como se trata de un enclave en la cordillera, es importante vestir adecuadamente con ropa de trekking y contar con equipo de montaña. Foto: Andrés González.
DÓNDE QUEDA
En la Región del Libertador Bernardo O´Higgins existe un camino llamado la Carretera del Cobre (también conocida como Carretera del Presidente Frei Montalva o H-25) que conecta la ciudad de Rancagua y la mina subterránea más grande del mundo, El Teniente. Esta carretera (que en total tiene 63 km) pasa por distintos pueblos muy pintorescos, ideales para conocer mediante un paseo por el día. Sin embargo, para ir al Cajón Las Leñas, no hay que llegar hasta Caletones y Sewell, sino que desde Machalí se pasa por Coya y luego, en dirección al Puma Lodge (hay señalética en el camino que informa la ubicación del hotel, próximo al mencionado cajón). Desde Coya hasta ahí, el camino es ancho y con mucha calamina.
Así, el camino incluye el cruce del río Cachapoal, el del río Pangal y, después, el camino se adentra en la cordillera junto al Río Las Leñas en un terreno privado cuyo acceso, sin embargo, está abierto. Y aquí, en la primera cuesta, es donde las cosas se ponen difíciles.
- Nuestro 4×4 cruzando el Puente José Manuel. Foto: Francisca Hernández.
- Letrero ubicado al inicio del cajón que después se va poniendo cada vez más estrecho y empinado. Foto: Francisca Hernández.
UN CAMINO INFERNAL
Tal y como indica un letrero erigido por los propietarios, la huella de alta montaña que trepa hacia el cajón está habilitada solo para vehículos de tracción 4×4. Apenas recibe mantención y cada invierno este camino luce algo diferente, con más o menos hoyos, curvas cerradas y grandes piedras sueltas. Es importante resaltar esto: el vehículo debe contar con la potencia y robustez suficiente para poder pasar, porque si no, usted quedará varado a medio de la nada y nadie lo va a venir a rescatar.
Se sugiere, por lo mismo, que el auto sea alto (mayor distancia al suelo que un auto simple 4×2) y que los neumáticos sean grandes, preferentemente All Terrain. También es bueno saber utilizar el bloqueo diferencial para superar obstáculos en ciertos momentos clave del trayecto y, por eso, se subentiende que el conductor debe tener experiencia y habilidad para maniobrar en un terreno desafiante.
- La primera cuesta es solo una muestra de todo lo que queda por delante: varios kilómetros de terreno desafiante. Foto: Francisca Hernández.
- Lo ideal es que el conductor tenga experiencia y habilidad. Pero, también, le vendrá bien un copiloto que se baje del auto en las secciones difíciles y lo ayude desde afuera a orientar el vehículo. Foto: Andrés González.
- Para un overland responsable, los obstáculos como rocas deben ser superados manejando sobre ellos, no rodeándolos. Foto: Andrés González.
OVERLAND RESPONSABLE
Se conoce como “overlanding” a una forma de viaje-aventura a lugares remotos donde lo principal no es el destino final, sino el viaje mismo. Es este viaje en sí mismo el propósito, el que se hace en un vehículo motorizado por caminos offroad y durmiendo en una carpa. Hacer overland, entonces, ¡es vivir adrenalina, tensión e intensidad al mismo tiempo!

Tras la primera cuesta, éste es el paisaje que sale al encuentro: nos recuerda cómo era el Cajón del Maipo hace 100 años. Foto: Francisca Hernández.
Desde luego, transitar así, en modo exploración por lugares poco civilizados y escasamente documentados tiene un impacto no menor sobre la flora y fauna local. Por eso es que ha surgido en los últimos años el concepto de overland “responsable” o “sustentable”, el cual incluye principios de conducta tales como:
- no salirse de la huella pre-establecida y cruzar ríos solo en los lugares marcados
- no ensanchar los caminos; si existe un obstáculo, se debe manejar sobre él y no alrededor de él
- mantener el ruido y el polvo bajo, conduciendo a una velocidad prudente
- no ingresar a humedales, bofedales, zonas floridas, vegas, ciénagas, etc.
- seguir los principios de No Dejar Rastro; llevarse toda la basura propia y también la encontrada en el lugar
- contar con un vehículo en condiciones impecables, sin desperfectos o derramamientos que pudieran contaminar el lugar
- ser un conductor educado y respetuoso con los demás
Si usted va al Cajón Las Leñas, ¡tiene que practicar un overland responsable!
ACAMPANDO CON LA FAMILIA
La gran mayoría de los visitantes utiliza una zona conocida como Los Borbollones para descansar y montar el campamento. Corre agua transparente, las riberas son verdes y el suelo, plano.
- Ese oasis conocido como Los Borbollones es el sitio màs apetecido para desplegar las carpas. Foto: Francisca Hernández.
- Con los niños subimos una colinita con el “alpenglow” de fondo (efecto óptico en que las montañas parecen brillar y resplandecer por los últimos rayos del sol). Foto: Andrés González.
Sin embargo, en nuestra visita (somos una familia de 5 miembros), decidimos desplegar nuestras dos carpas un poco antes de este lugar, en una terraza aluvial cerca de “la Piedra del Contrabando”. Nos pareció ser un buen lugar por diversas razones: primero, así estaríamos solos, solo nosotros y la naturaleza. Segundo, presentaba buenas condiciones de seguridad (lejos de acarreos y posibles caídas de material) y, tercero, porque que estaba relativamente cerca del camino y del río Las Leñas. Agua corriendo: ¡esa es siempre una buena fuente de entretención para los niños!

Poder acampar con libertad es un privilegio. Pero en tanto que acto libre, va acompañado de responsabilidad. Foto: Francisca Hernández.
- Nosotros tenemos dos carpas Ferrino para media y alta montaña. Una es para 2 personas, la otra para 3. Como somos 5, nos distribuimos de tal forma que hubiera un adulto en cada carpa. Foto: Francisca Hernández.
- La comodidad es importante al salir con niños, porque si la experiencia no es placentera, no querrán repetirla. Lo bueno del overland es que permite acarrear muchas cosas, ya que el auto queda próximo al campamento. Es decir, no es necesario cargar nada en una mochila pesada durante kilómetros. Foto: Francisca Hernández.
Aquí preparamos nuestra cena (pasta lista en 3 minutos + albóndigas de carne; compota de manzana de postre) y nos entretuvimos: salimos a caminar a las “colinas” (morrenas) cercanas y avistamos una manada de caballos semi salvajes, además de aves, una culebra chilena y un sapo rechoncho. Y, al remover unas piedras, también dimos con un nido de hormigas gigantes que, por poco, casi invadió nuestra carpa. La solución fue cerrar todos los cierres y esperar a que las hormigas se calmaran por sí solas y retornaran a sus agujeros subterráneos. ¡Uf!
- Una culebra chilena o culebra de cola larga (Philodryas chamissonis). Foto: Francisca Hernández.
- Estos caballos deambulan libres, aunque probablemente pertenecen a algún arriero de la zona. Foto: Francisca Hernández.
- Un hermoso sapo de rulo (Rhinella spinulosa) que salió de noche. Foto: Francisca Hernández.
- Para salir en familia, conviene tener dos cocinillas y gas de repuesto. Nosotros también llevamos dos bidones de agua de 5 litros para beber y cocinar. Foto: Francisca Herández.
- Protegimos las cocinillas del viento mediante una pirca que construyeron los niños. Es importante involucrarlos en las actividades, darles tareas y que se sientan útiles. Foto: Francisca Hernández.
La luz del ocaso reverberó por unos instantes en las montañas circundantes (lo que se conoce como “alpenglow” o brillo alpino) y después sobrevino la negrura de la noche. Nuestra hija más pequeña de tan solo 2 años se quedó revoloteando en una de las carpas entre los sacos de dormir y las colchonetas, feliz en un mundo teñido de naranja. Los otros dos niños, un poco más grandes, nos acompañaron a mi marido y a mí durante un rato para contemplar las estrellas. El cielo estaba completamente despejado y gracias a la app para identificar estrellas que habíamos bajado previamente en nuestros celulares, pudimos ver un sinfín de constelaciones que yo ni sabía que existían.

Por la tarde trepamos a una “colina” que en verdad era una antigua morrena ya erosionada, es decir, tierra removida producto de los movimientos glaciares. Foto: Andrés González.
Luego, todos nos fuimos a dormir antes de las 11:00 pm. Eso es lo más rico de acampar: la desconexión. Pero también hay que ser honestos y confesar esto otro: salir así con niños tiene sus incomodidades. Por ejemplo, las idas al baño en medio de la noche son lateras, porque ellos no son autosuficientes y requieren de asistencia; también hay que mencionar las “patadas” que recibimos de niños inquietos que se giran como trompo mientras duermen y desplazan sacos y colchonetas de su lugar, quedando todo “patas para arriba”. Ah, y el desorden y el caos; el juego con el barro que hace que todo quede sucio; las mudas de ropa, el ruido constante, las quejas o discusiones. PERO… todo eso vale la pena. Porque lo que hacemos aquí es fortalecer nuestros propios lazos familiares e inculcar una serie de valores esenciales. Finalmente, lo que hacemos es ejercitar una serie de virtudes donde la naturaleza es la sala pedagógica; todo ello redundará en una mejor calidad de vida y en ayudarlos a ser mejores personas.

Despertando en un mundo naranja. Foto: Francisca Hernández.
Los niños despiertan temprano. Así que fuimos removidos de nuestros sueños por chicos que ya se estaban aburriendo encerrados dentro de una carpa. Entonces nos levantamos y a las 8:00 AM ya estábamos desayunando waffles recalentados en las cocinillas a gas. Los niños bebieron leche chocolatada en caja. Una de las bondades del sistema overland es que, como el auto queda cerca, es posible ir bien aprovisionado a las salidas a acampar.
- ¡Rico desayuno! Foto: Francisca Hernández,
- Y a desarmar campamento… Foto: Francisca Hernández.
Luego de eso, vino la tarea de guardar las carpas y el empaque de todo en el auto. Desarmar campamento con niños puede tardar fácilmente una hora. Pero como no teníamos apremio, no fue problema. Una vez que ya estábamos todos arriba del auto, decidimos explorar un poco más.
- Esa roca solitaria (probablemente un “bloque errático”) se conoce como la Piedra del Contrabando. Se supone que aquì se reunían los malhechores. No hay que olvidar que el Cajón Las Leñas termina en Argentina y por ahí hay un paso fronterizo no habilitado (aún). Foto: Francisca Hernández.
- Cruzar este puente junto a la Piedra del Contrabando nos dio algo de miedo. Al principio, intentamos vadear un río para evitarlo. Sin embargo, manejando con cuidado y achuntándole bien a las vigas, resultó ser resistente. Foto: Francisca Hernández.
LAGUNA EL YESO
A unos cuantos kilómetros de la Piedra del Contrabando, pasado un puente roñoso que se encuentra en dudosas condiciones (sí, nos dio nervios pasarlo, ¡pero finalmente nos decidimos a hacerlo!) y más allá de unas cuantas morrenas, se encuentra una laguna muy poco visitada. Recibe el nombre de “El Yeso” (aunque no tiene nada que ver con el embalse El Yeso que queda en el Cajón del Maipo, en la Región Metropolitana). Sus aguas turquesas hablan del depósito de sedimentos, acumulados ahí por gravedad. Y lo mejor: la soledad en el ambiente. Llegar hoy en día a un lugar así de maravilloso y sin ningún alma a la vista es simplemente fascinante. Ok, esto no es Torres del Paine… ¡pero al menos no está atestado de gente!

¡Para contemplar y dejarse encantar por este paisaje de ensueño a 2.200 m de altitud! Foto: Francisca Hernández.
La accidentada geografía revela un pasado de muchos movimientos glaciales y fluviales y tectónicos en la zona. Por ejemplo, ojos agudos podrán distinguir en el paisaje un montón de así llamados “bloques erráticos”: piedras -a veces del tamaño de una casa- que fueron trasladadas por los glaciares y que quedaron depositadas ahí una vez que los hielos se fundieron. Las morrenas, a su vez, hoy lucen como colinas con magníficos miradores: son el resultado del avance de los hielos y el material que quedó depositado ahí, luego de dicho movimiento. Transitar por morrenas es cansador, porque son cúmulos de escombros tras escombros.

Observo estos paisajes con dos miradas: 1) como ventanas hacia el pasado y los movimientos que hubo aquí; 2) como posibilidades infinitas de exploración. Foto: Francisca Hernández.
¡COMPRE SU PARCELITA!
Como decíamos, este cajón se parece al Cajón del Maipo, pero tal y como era antes de que se asentaran casas y negocios y llegaran hordas de turistas. Por eso, no son pocos los que lo tienen en la mira como un refugio para escapar del ajetreo de la ciudad. Estar aquí, en este cajón, permite que uno se sienta perdido sin estarlo realmente; uno puede descansar en un rincón remoto del mundo y, a la vez, seguir estando relativamente cerca de una gran ciudad con todas sus comodidades y servicios.
Así, en este cajón también hay parcelas en venta y se han ido erigiendo casas con un sello de sustentabilidad: la idea es formar una comunidad que mantenga y promueva el espíritu de conservación de la flora y fauna del lugar. Para conocer más acerca de este proyecto y las parcelas de agrado que hay en venta, revisa este link.
Los arrieros y habitantes del lugar también ofrecen cabalgatas, trekkings guiados, pesca y más actividades outdoor.
- Laguna El Yeso en el Cajón Las Leñas. Foto: Francisca Hernández.
- Nuestro hotel 1.000 estrellas. Foto: Francisca Hernández.
OJO CON…
En invierno, el camino debe ser aún más duro de recorrer y las avalanchas, según me contaron, cortan el camino. Así que es preferible visitar este cajón entre octubre/noviembre y abril/mayo.
Reiteramos la necesidad de acudir a este lugar con una actitud de respeto. Llévate toda tu basura y la que encuentres (eso incluye el papel higiénico); no molestes a los habitantes del lugar y ¡minimiza tu impacto lo más posible!

Para nosotros, la naturaleza es una sala pedagógica. Foto: Francisca Hernández.
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