Cómo preparar un seismil

¡Sigue nuestros consejos para saltar a las montañas de 6.000 m de altitud y más!
Los números atraen en montaña; siempre ha sido así, desde los inicios de la actividad, al menos en el ámbito deportivo. Los incas, por ejemplo, adoraban a sus dioses ascendiendo las más altas cumbres, donde dejaban ofrendas incluso humanas en señal de agradecimiento y otras motivaciones. Probablemente no sabían cuál era la altura exacta de dichas montañas, pero para ellos resultaba fundamental acercarse a sus deidades alcanzando estos elevados puntos.
- Vista del Ermitaño (6.180 m) desde el Peñas Blancas (6.030 m). ¡Los cerros pueden cambiar mucho con nieve! Foto: Adolfo Dell Orto.
- Abrazo en la cumbre del San Francisco (6.018 m). Este es el 6 mil más corto y de más fácil acceso. Foto: Adolfo Dell Orto.
El montañismo no es ajeno a lo anterior en cuanto a desafíos. Con seguridad no tiene un acento enmarcado en el plano de la espiritualidad, pero coincide en temple y decisión para enfrentar retos extremadamente exigentes, con costos elevados que, en ocasiones, también pasan cuentas elevadas. ¿Pero qué motiva a la gente a viajar días y días, pagar grandes montos en equipos, logística y varios etcéteras, para exponerse a todo lo que un humano medianamente sensato eludiría utilizando —cual Messi— fantásticas gambetas para evitar tales sacrificios? No lo sé, pero hay algo especial.
- Laguna Verde y los cerros Peña Blanca (izquierda) y Ermitaño (derecha). Foto: Adolfo Dell Orto.
- Cumbre en el Peña Blanca. También es un cerro rápido, pero muy poco ascendido, igual que el Ermitaño, su vecino. En Andeshandbook aparece el cerro que está al lado, volcán Boris Kraizel Loy (6.019 m) como un 6 mil diferente, pero en las cartas IGM sólo reconocen al Peñas. Foto: Adolfo Dell Orto.
NÚMEROS
Los seismiles —montañas que superan los 6.000 m sobre el nivel del mar— no escapan a lo anterior. Y digo 6 miles porque es la realidad que nos rodea en Los Andes y no son pocos: ¿36 – 37? Sí, lo pongo en tono de pregunta porque hay algunas cumbres donde se discute si su altura supera o no esta barrera. Y están ahí, al alcance de la mano.
- Acarreos malditos en el cerro Fraile. Este cerro es muy poco subido por lo alejado y pesado que resulta, así que es un ejemplo de los que hay que evitar en un comienzo. Foto: Adolfo Dell Orto.
- Aproximación: la ventaja de estos viajes es que en muchos de estos cerros se puede alcanzar los 5 mil más fácilmente teniendo una buena 4×4 y un poco de destreza manejando en este tipo de terrenos. Foto: Adolfo Dell Orto.
COSA DE GUSTOS
De acuerdo. El ascenso de un 6 mil es el paso natural para quienes buscan en las grandes alturas el objetivo personal de montaña; es una prueba física y, principalmente, mental a superar. Y exige mucha motivación porque, aunque existen 6 miles de muy fácil acceso, nunca resulta simple alcanzar esta marca mítica.
- Ermitaño y Laguna Verde. Algunos de estos cerros, fuera del San Francisco en la Región de Atacama, normalmente no tienen sendero, por lo que hay que seguir algunas tímidas huellas e hitos que se levantan con rocas. Foto: Adolfo Dell Orto.
- Cumbre Ermitaño y laguna que se ve hacia el norte. Foto: Adolfo Dell Orto.
EL SALTO
Si estás pensando en alcanzar esta cifra es porque ya pasaste por varias pruebas anteriores, desde constantes ascensos a cerros simples, pero físicamente pesados (en la región Metropolitana podrían ser el Provincia, Carpa, La Cruz, Manchón, etc.) hasta otros también exigentes, pero ahora con el aderezo especial de la altitud, como La Parva (4.047 m), Pintor (4.180 m), Leonera (4.950 m), el mítico Plomo (5.424 m) e, incluso, el enorme volcán San José (5.880 m). El paso natural y entendible dentro de la categoría “altura” es probarse en cotas extremas y lo que sigue es, naturalmente, las 6 lucas.
- Peña Blanca y laguna que se ve en el portezuelo, en la arista que lo separa del Ermitaño. Foto: Adolfo Dell Orto.
- Laguna a casi 6.000 m de altitud y cerro Tres Cruces norte (6.030 m), vistos desde la cumbre. Este cerro tampoco es frecuentado, especialmente porque es medio pesadito dependiendo de la altura que se alcance en 4×4; claro que la vista es muy linda de los otros dos Tres Cruces (centro y sur). Foto: Adolfo Dell Orto.
¿CUÁL?
Sobran. Sí, hay muchos, por lo mismo resulta determinante la elección. Aunque suene elemental, no es lo mismo el Nevado del Plomo (6.067 m) en la RM que el volcán San Francisco (6.018 m), en Atacama. Al margen de las diferencias ambientales que existen entre regiones y la sensación de malestar propia de la estancia permanente en ambientes hipóxicos, el día de cumbre del primero —tras más de 4 días de pesado ascenso— ha agotado una parte importante de reservas de energía de los muy aperrados montañistas debido a lo tremendamente duro que resulta sólo alcanzar el último campamento previo a la cumbre, mientras que el San Francisco es una montaña ideal para aclimatar antes de otros números mayores en la zona —como el Ojos del Salado, 6.893 m—, pues no tiene aproximación y se puede ascender por el día, dejando a los montañeros frescos como lechuga para continuar el viaje. Por lo tanto, no da lo mismo cualquiera. Pero la buena noticia es que, como reza el subtítulo, sobran.
- Camino a la cumbre del Barrancas Blancas (6.118 m). Este cerro es muy rápido de alcanzar, pues está a 30 min el refugio Murray. Su cara norte presenta un tramo de acarreos inestables, pero breve. Foto: Adolfo Dell Orto.
- Barrancas Blancas, comienzo del ascenso en una fría mañana. En general, no son cerros tan fríos como los 6 miles “grandes”, pero igual pueden ser gélidos. Foto: Adolfo Dell Orto.
YA, BUENA… ¿Y ENTONCES?
Los cerros y volcanes del norte del país son ideales: breves o nulas aproximaciones, cercanía con campamentos bases comunes o incluso pueblos (San Pedro de Atacama), rutas simples y directas, etc., por lo tanto, son una buena fuente de iniciación.
- Amaneciendo en laguna verde. Foto: Adolfo Dell Orto.
- Vista hacia el Ojos del Salado (la montaña más alta de Chile) desde Barrancas Blancas; lagunas a los pies del cerro, hacia el sur, en los llanos de Rivera. Foto: Adolfo Dell Orto.
OJO
Sí, ojo y más. A no bajarle el perfil porque aunque parezcan sencillos y cercanos, pueden hacerse merecedores de problemas importantes si no son cuidadosos en cuánto a…varios aspectos. Tomen nota: falta de vestuario y equipamiento, poca tolerancia a muy bajas temperaturas y fuertes vientos, laderas en ocasiones revestidas de infernales acarreos, desconocimiento de la ruta, planchones de nieve dura, penitentes, etc. Además, aunque a simple vista parece que están “ahí nomás”, es fácil hacer un cálculo erróneo de tiempo, “relajar” el inicio de la marcha y, con ello, prolongar tal vez el ascenso hasta bien avanzado el día, con descensos nocturnos incluidos.
- Vehículo 4×4, a poco más de 5.000 m en el cerro Vicuñas (6.067). Foto: Adolfo Dell Orto.
- En la foto, la persona sostiene una caja que sirve para almacenar testimonios en la cumbre del Vicuñas. La mayoría de estas cajas han sido retiradas y, en algunos casos, solo hay cajas sin ningún tipo de marca o nombre. Varios de los cuadernos a la intemperie se encuentran en malas condiciones. Foto: Adolfo Dell Orto.
PARA QUE VEAN
Hace algunos años el autor de esta nota ascendió por el día —junto con otra gente— un alejado y poco visitado seismil en la zona del Ojos del Salado, Región de Atacama, creyendo que se encontraba bastante más cerca de lo que aparentaba. En resumen y aplicando poder de síntesis para así evitarles innecesarios bostezos, sólo les cuento que volvió temprano al campamento…sí, al día siguiente.
- Ojos del Salado y 4×4. Igual que antes: la posibilidad de alcanzar en 4×4 la base de los seismiles en el norte facilita mucho las cosas, a diferencia de los seismiles en la zona central de Chile. Foto: Adolfo Dell Orto.
- Cumbre Guallatiri (6.063 m, con vista hacia el Acotango de 6.052 m) y, al fondo, Sajama (6.542 m) en Bolivia. Pero éste último ya son palabras mayores. En el caso del Guallatiri, dependiendo de la ruta y fecha en que se suba, no resulta muy exigente, salvo un tramo seco en su comienzo. Comparte campamento con el Acotango, así que se puede realizar un doble-duro ascenso. Foto: Adolfo Dell Orto.
PREPARACIÓN
En general y como para cualquier cerro, el entrenamiento debe ser constante y con varios meses de antelación y no dejarlo para las últimas semanas previas al ascenso, pues no sólo no se conseguirá la forma física adecuada, sino que también se expone a lesiones por un sobreentrenamiento o uno, derechamente, mal ejecutado. No soy especialista en este tema, por lo tanto no puedo dar consejos, más allá de entrenamiento aeróbico en la semana y cerros lo más seguido posible, dejando un margen de tiempo para darle descanso al cuerpo antes del ascenso final. Si lo menciono es porque es fácil encontrar consejos basados sólo en experiencias personales, pudiendo ser erróneas, lo que eventualmente podría causar lesiones gratuitas. O, como es cada vez más frecuente, siguiendo un impersonal tutorial de Youtube o los consejos de la app de moda en el celular.
En definitiva, personalmente creo que —en la medida en que se pueda, lógico— se debería seguir pautas y programas con verdaderos profesionales para avanzar en el aspecto físico de manera gradual y eficiente, más allá de —insisto— aplicaciones y otros, para evitar correr riesgos de lesiones (PF´s, me deben una).
Lo recién mencionado es el trabajo durante los días de semana, porque el fin de semana se va al cerro. Sí, hay que salir y harto. Además, ¿qué mejor y más motivante que entrenar para un cerro subiendo, precisamente, otros cerros? Se puede conocer lugares nuevos, cimas nuevas, retos y desafíos nuevos, ¡puras novedades!
En fin, a ponerse las pilas y entrenar y salir al cerro, seguir entrenando y volver salir al cerro, ahora a uno diferente, hasta que vayan encontrando la forma ideal. O casi. Verán que se disfruta y los resultados comienzan a aparecer solitos.
- En la así llamada “Meseta de los Seismiles”: Barrancas Blancas, Peña Blanca y Ermitaño de fondo. Foto: Adolfo Dell Orto.
- Otra foto de la cumbre del Guallatiri, con vista al Acotango. El Guallatiri tiene una fumarola característica poco más abajo de la cumbre, dejando muchas veces a la gente sin poder alcanzarla cuando el viento sopla fuerte. A mí me ha tocado de las dos maneras: ¡con viento tóxico (no se puede respirar) en la cumbre y con el viento justo para el otro lado! Foto: Adolfo Dell Orto.
¿ALTURA PARA HACER ALTURA?
Ayuda, sí, y mucho, pero no todo el mundo cuenta con el tiempo para hacer cerros grandes antes de ir por el objetivo final; depende de la planificación y días disponibles, porque la famosa aclimatación se gana en —era que no— el cerro. Pero, si se cuenta con tiempo como para hacer altura previamente, cerros en Santiago como los antes nombrados Pintor, Leonera o el Plomo reúnen las condiciones perfectas: cerca, conocidos y breves. Todo suma.
- Bodefales camino al volcán Copiapó (6.052 m). Foto: Adolfo Dell Orto.
- Sajama desde la cumbre de Acotango. Foto: Adolfo Dell Orto.
ALGUNOS TIPS PARA EMPEZAR
- Comenzar con un 6 mil de fácil acceso. Puede sonar lógico, pero escoger uno de la zona central del país no es una elección que reúna esas condiciones, pues todos están alejados, mientras que en el norte, es posible alcanzar la base de ellos casi a 5 mil metros en un auto 4×4.
- Vuelvo a señalar que ayuda sumar algunas horas de exposición a la altitud ascendiendo clásicos que no resulten tan exigentes como el objetivo final: Pintor, Leonera y, con el respeto que se merece, el gran Plomo.
- Escoger un menú adecuado, pues algunos alimentos en estas cotas se cocinan a menor temperatura y no quedan bien; además, normalmente se pierde un poco el apetito y quizás no den muchas ganas de comer. También debe escogerse una comida que no caiga demasiado “pesada” al estómago.
- No pretendo hablar de fisiología de altura, pero los avances —y retrocesos— en la aclimatación se registran durante las noches precisamente en altura: si duermen bien, se puede traducir positivamente en el rendimiento posterior.
- Subir de a poco: sobre los 3.000 m, ganar no más de 1.000 m de desnivel.
- No saltarse campamentos.
- Si la ruta lo amerita, realizar porteos de equipos a mayores altitudes y permanecer un tiempo en ese nuevo campamento, para luego descender al punto de inicio: no sólo cargarán menos equipo la jornada venidera, sino que además ganarán algunas horas de altura para luego dormir a una menor. Sí, ayuda.
- Pasar mucho tiempo en campamentos altos para ganar aclimatación en ocasiones sólo desgasta al cuerpo y éste llega más cansado al objetivo final.
- Molestias derivadas del mal de altura (como dolores de cabeza, respiración acelerada y problemas en el sueño) son normales hasta cierto punto. Aprende a reconocerlas y tratarlas si es necesario, para así no dar pie al siguiente nivel, que es donde se presentan mayores problemas.
- Ojo con el frío; no corras ningún riesgo de hipotermia y congelaciones, aunque eso te signifique abandonar un proyecto muy anhelado. ¡Vístete y equípate bien!
- Considera que el tiempo puede ser inestable y que no debes confiarte de las estaciones. Por ejemplo, aunque sea verano, el invierno boliviano puede golpear la zona de Atacama, por lo que es posible que haya tormentas y mucha nieve. También hay que tener ojo con los vientos. Ráfagas de hasta 110 km/h pueden barrerte de la cima del Incahuasi, por ejemplo.
- Guallatiri desde Acotango. Es muy importante prestarle mucha atención a los pronósticos meteorológicos. Aunque sea verano, el fenómeno del invierno boliviano puede tener efectos graves en la zona. Foto: Adolfo Dell Orto.
- Volcán Copiapó, bajando de la cumbre. En el filo antes de la cumbre hay unos restos de leña dejado por los incas y alguno metros más abajo de la cumbre existe un oratorio de piedras. Este es un cerro un poco más pesado para subir por el día, pudiendo ser bueno hacer un campamento avanzado para no cubrir un desnivel tan grande. Foto: Adolfo Dell Orto.
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